viernes, 12 de septiembre de 2008

Sobre el poder y la guerra

Del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce

INFIDEL, n. In New York, one who does not believe in the Christian religion; in Constantinople, one who does. A kind of scoundrel imperfectly reverent of, and niggardly contributory to, divines, ecclesiastics, popes, parsons, canons, monks, mollahs, voodoos, presbyters, hierophants, prelates, obeah-men, abbés, nuns, missionaries, exhorters, deacons, friars, hadjis, high-priests, muezzins, brahmins, medicine-men, confessors, eminences, elders, primates, prebendaries, pilgrims, prophets, imaums, beneficiaries, clerks, vicars-choral, archbishops, bishops, abbots, priors, preachers, padres, abbotesses, caloyers, palmers, curates, patriarchs, bonzes, santons, beadsmen, canonesses, residentiaries, diocesans, deans, subdeans, rural deans, abdals, charm-sellers, archdeacons, hierarchs, class-leaders, incumbents, capitulars, sheiks, talapoins, postulants, scribes, gooroos, precentors, beadles, fakeers, sextons, reverences, revivalists, cenobites, perpetual curates, chaplains, mudjoes, readers, novices, vicars, pastors, rabbis, ulemas, lamas, sacristans, vergers, dervises, lectors, church wardens, cardinals, prioresses, suffragans, acolytes, rectors, curés, sophis, mutifs and pumpums.

http://www.thedevilsdictionary.com/

INFIEL, n. En Nueva York, alguien que no cree en la religión cristiana; en Constantinopla, alguien que sí. Una especie de canalla de incorrecta devoción y mísero tributario de teólogos, eclesiásticos, papas, magnificencias, ilustrísimas, pastores, párrocos, canónigos, monjes, mullahs, vudús, presbíteros, hierofantes, prelados, obeahs, abbés, monjas, misioneros, exhortadores, diáconos, frailes, hadjis, sumos sacerdotes, muecines, brahmines, curanderos, confesores, eminencias, superiores, primados, prebendados, peregrinos, profetas, hermanas, imanes, beneficiarios, dependientes, chantres, arzobispos, obispos, abades, priores, predicadores, padres, abadesas, calogeros, palmeros, curas, patriarcas, bonzos, santones, rezanderos, canónigas, residenciarios, diocesanos, deanes, subdeanes, deanes rurales, abdalas, encantadores, archidiáconos, jerarcas, guías de grupo, rectores, capitulares, jeques, talapoines, postulantes, escribas, gurús, sochantres, bedeles, faquires, monaguillos, reverencias, beatas, evangelistas, cenobitas, señores curas, capellanes, muftís, lectores, novicias, vicarios, reverendos, rabinos, ulemas, lamas, maceros, sacristanes, derviches, velasperpetuas, guardianes, ministros, cardenales, secretarios, prioresas, coadjutores, acólitos, archimandritas, chamanes, curés, sufís, turiferarios y bonetes.

(Versiones de Gerardo Lino)

jueves, 28 de agosto de 2008

Interpunciones

Del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce

LANGUAGE, n. The music with which we charm the serpents guarding another's treasure.

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LENGUAJE, n. La música con que encantamos a las serpientes guardianas del tesoro ajeno.

(Versiones de Gerardo Lino)

lunes, 18 de agosto de 2008

Pretextos...

Del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce

DESTINY, n. A tyrant's authority for crime and fool's excuse for failure.

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DESTINO, n. Una autoridad del tirano para el crimen y una excusa del papanatas para el error.

(Versiones de Gerardo Lino)

lunes, 28 de julio de 2008

Lex, dura lex

Del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce

SATAN, n. One of the Creator’s lamentable mistakes, repented in sashcloth and axes. Being instated as an archangel, Satan made himself multifariously objectionable and was finally expelled from Heaven. Halfway in his descent he paused, bent his head in thought a moment an at last went back. “There is one favor that I should like to ask,” said he.
“Name it.”
“Man, I understand, is about to be created. He will need laws.”
“What, wretch! you his appointed adversary, charged from the dawn of eternity with hatred of his soul — you ask for the right to make his laws?”
“Pardon; what I have to ask is that he be permitted to make them himself.”
It was so ordered.

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SATÁN, n. Uno de los errores lamentables del Creador, arrepentido de investiduras y alianzas. Aunque fue proclamado arcángel, Satán se volvió detestable por una diversidad de factores, y al fin fue expulsado del Paraíso. A medio camino de su descenso se detuvo, se concentró en un problema por un instante y se regresó. “Hay un favor que me gustaría pedir”, dijo.
—Dilo.
—Tengo entendido que el hombre está por ser creado. Necesitará leyes.
—Qué, infeliz!, tú, su enemigo predestinado, repleto desde el amanecer de la eternidad con el aborrecimiento de su alma, tú pides el derecho de hacer sus leyes?
—Perdón; lo que solicito es que se le permita hacerlas por sí solo.
Así fue ordenado.

(Versiones de Gerardo Lino)

jueves, 19 de junio de 2008

Algodones para la política

Del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce:

REPUBLIC, n. A nation in which, the thing governing and the thing governed being the same, there is only a permitted authority to enforce an optional obedience. In a republic, the foundation of public order is the ever lessening habit of submission inherited from ancestors who, being truly governed, submitted because they had to. There are as many kinds of republics as there are graduations between the despotism whence they came and the anarchy whither they lead.

Visítese: The Devil's Dictionary: http://www.thedevilsdictionary.com/

REPÚBLICA, n. Nación en que, siendo lo mismo la cosa gobernante y la cosa gobernada, solamente hay una autoridad con licencia para imponer una obediencia opcional. En una república, la fundación del orden público radica en el siempre degradante hábito de la sumisión heredado de los ancestros quienes, siendo gobernados de verdad, se sometieron porque tenían que hacerlo. Hay tantas clases de repúblicas como grados entre el despotismo del que proceden y la anarquía hacia donde las conducen.


Y estos renglones de Fernando Pessoa:

“El más honesto y desinteresado de los políticos y de los gobernantes nunca puede saber con certeza si no está arruinando a su país o a una sociedad con los principios o leyes que él juzga sanos, con los que pretende salvarla. Es evidente que cuanto más interviene el Estado en la vida espontánea de la sociedad, mayor riesgo tiene de perjudicarla. La violación de las leyes naturales tiene sanciones automáticas a las que nadie puede sustraerse. Los riesgos y los perjuicios de la administración por el Estado están en relación directa con la extensión con la que interviene en la vida social espontánea.”

jueves, 30 de agosto de 2007

Fragilidades

Taedium vitae
Saudade
Spleen
Acedia
Fastidio
Desespero
Irritabilidad
Furor divino
Extenuación
Desgano
Desidia
Fatiga
Tristeza
Abatimiento

Todas esas palabras, y más, conceptos y males, imaginarios y verdaderos, climáticos, ciclotímicos, hipocondríacos, biliosos, entre las tantas formas que toman los humores, variadas caras documentadas o inenarrables episodios de la psicosis, proclividad por lo tenebroso o simples grises rainy days, desde el nada querer (quizás el Lisbon revisited sea una muestra clave, en la obra de Pessoa, de escritura provocada por estas pesadumbres), la postergación sistemática de las ocupaciones, el casi deseado acumulamiento de los deberes (ese “preferiría no hacerlo”, captado con mano maestra por Melville), los llantos inopinados, seguidos de iguales inesperadas manifestaciones de alegría (voz negativa y sintomática; étimo: sin acritud, sin lágrima), de ganas llenas de propósitos que con la misma fuerza se desvanecen la misma hora, celos o miedo, delirios y visiones, hasta el impulso desencadenado de matar a alguno, empezando talvez por uno mismo, cabían en la monstruosa, calamitosa y epidémica melancolía.

Ahora las vamos guardando, y se ponen rancias, inútiles, ajadas, o son rescatadas de los anaqueles de los archivos muertos, se revitalizan, se extrapolan, de la inacción a los gritos, de la penumbra a las exhibiciones, de la locuacidad al estarse callado sin motivo, de la flojera auspiciada por la tele hasta el consumo metódico de bebedizos o la incontenible avidez de ingerir cualquier pastilla que parezca panacea, del insomne insomnio a unas inmensas ganas de dormir (no me despierten hasta que se acabe el mundo), en la ultramoderna palabra ‘depresión’.

¿Quién que sea no ha estado algunas veces triste? Es normal, es natural, es sano. Desahogarse, cualquiera lo ha probado, alivia, y se halla cierta voluptuosidad en el llanto. Malo, cuando ese estado se prolonga por horas en la noche, por días en la semana, por años en la vida: ya no es otro “estado de ánimo”, mucho menos una “manera de ser”, sino una enfermedad compleja que debe tratarse como tal, pero no sólo con fármacos, sino con delicada atención. Podría el enfermo quedarse catatónico de pura química si no tuviera enfrente la voz y la escucha de algún acompañante (¿Estás aún ahí? ¿Estás aquí conmigo?). Y al revés: podrá la familia entera estar pendiente, solícita, de las modificaciones del humor del consentido, y sin darse cuenta contagiarse del mal de modo lento, precipitándose como magma hacia los arrebatos, si no le acercan las soluciones eficaces de la medicina.

O que se cure escribiendo sobre lo que le ocurre. Eso han aconsejado los probos. Eso hizo Robert Burton. En la Introducción a su estimulante estudio The Worlds of Renaissance Melancholy: Robert Burton in Context, Angus Gowland refiere que el célebre autor de The Anatomy of Melancholy [1621] optó por estudiarla para prescribir medios de prevenir y curar tan extendida enfermedad, “an Epidemicall disease, that so often, so much crucifies the body and minde”, si bien declara el mismo Burton que, afligido de lo mismo, “I write of Melancholy, by being busie to avoid Melancholy”, siguiendo la máxima de Séneca, “Ocio sin letras: muerte y sepultura viva del hombre”, por el antiguo procedimiento de “expell clavum clavo, comfort one sorrow with another, idlenes with idlenes”: consolar un pesar con otro, ocio con ocio. Y escribió (“playing labor”), aunque no hundiéndose en sus propias peligrosas ocurrencias, sino como un lector crítico, como eran los humanistas de su tiempo, es decir que anotaba rigurosamente en los márgenes los libros que leía, o discutiendo en hojas sueltas, todo lo que hubiera entre antiguos y modernos al respecto, según cuenta Gowland, que ha revisado su biblioteca.

Keats, que debió tener noticia de Burton, anuncia sus remedios en la Oda, y el premio que le espera al más contento. Imagínese la perversión de su aforismo: “Lo que la imaginación capta como Tristeza debe ser verdad; hubiera existido o no.”

Melancólico también resulta que ese deseable libro de Gowland, publicado en noviembre de 2006 por la Cambridge University Press (356 páginas), cueste un poco más de novecientos pesos...

jueves, 16 de agosto de 2007

Oda sobre la Melancolía, de John Keats


I


No, no, no: no vayas al Leteo, ni quebrantes
Acónito, raíz tiesa, por su vino tóxico;
Ni pruebe tu frente incolora a ser besada
Por belladona, uva rubí de Proserpina;
Tampoco hagas tu rosario de moras infectas,
Ni dejes que la polilla, ni el escarabajo
Sean tu Psique gemebunda, ni el búho tenue
Un compañero en los secretos de tu congoja;
De sombra en sombra quedarás harto aletargado,
Y se sumergirá la angustia insomne del alma.


II


Pero si cayera recia la melancolía
Súbita del cielo como nube lacrimosa,
Que cultiva toda flor de cabeza rendida,
Y cubre la loma verde en mortaja de abril,
Vuelca tu desdicha en una rosa tempranera,
O sobre el arcoiris de la ola salada,
O en la bienandanza de las peonias rotundas;
O si tu dueña muestra cierta ira mayor,
Apresa su mano blanda, y deja que delire,
Y nútrete a fondo ante sus ojos sin igual.


III


Ella mora con Belleza —que habrá de morir—;
Con Júbilo, cuya mano siempre está en sus labios
Diciendo adiós; y cerca el doloroso Placer,
Se hace veneno al sorber una boca de abeja:
Así! en el santuario mismo de la delicia
Tiene su altar soberano la Melancolía,
Aunque guarde a aquel cuya lengua vigorosa
Revienta contra el paladar la uva de Júbilo:
Su alma probará la angustia de su poderío,
Y estará colgado entre sus lánguidos trofeos.




Ode on Melancholy


I


No, no, go not to Lethe, neither twist
Wolf’s-bane, tight-rooted, for its poisonous wine;
Nor suffer thy pale forehead to be kiss’d
By nightshade, ruby grape of Proserpine;
Make not your rosary of yew-berries,
Nor let the beetle, nor the death-moth be
Your mournful Psyche, nor the downy owl
A partner in your sorrow’s mysteries;
For shade to shade will come too drowsily,
And drown the wakeful anguish of the soul.


II


But when the melancholy fit shall fall
Sudden from heaven like a weeping cloud,
That fosters the droop-headed flowers all,
And hides the green hill in an April shroud;
Then glut thy sorrow on a morning rose,
Or on the rainbow of the salt sand-wave,
Or on the wealth of globed peonies;
Or if thy mistress some rich anger shows,
Emprison her soft hand, and let her rave,
And feed deep, deep upon her peerless eyes.


III


She dwells with Beauty — Beauty that must die;
And Joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu; and aching Pleasure nigh,
Turning to poison while the bee-mouth sips:
Ay, in the very temple of delight
Veil’d Melancholy has her sovran shrine,
Though seen of none save him whose strenuous tongue
Can burst Joy’s grape against his palate fine;
His soul shall taste the sadness of her might,
And be among her cloudy trophies hung.